
FEDERICO GARCÍA LORCA RETRATADOPOR PABLO NERUDA¡Federico García Lorca! Era popular como la guitarra, jubiloso, melancólico, profundo y claro como un niño, como el pueblo. Si hubieran buscado paso a paso a quien sacrificar como se sacrifica un símbolo, jamás hubieran encontrado, ni en ningún ser ni en ningún objeto, el alma española con toda su profunda vivacidad como en este ser escogido. Supieron elegir los que lo fusilaron, ya que estos querían tirar al corazón mismo de la raza. No sé cómo precisar su recuerdo. La violenta luz de la vida no ilumina más que un instante su cara, ahora herida y extinta. Pero durante ese largo minuto de su vida, su figura resplandece de luz solar. Desde el tiempo de Góngora y de Lope de Vega no había aparecido un creador como él, una tal movilidad de forma y de lenguaje; desde los tiempos en que los españoles del pueblo besaban las vestiduras de Lope no se había conocido en la lengua española una selección popular de tal envergadura ejercida por un poeta. Todo lo que tocaba, aun en las alturas de un estetismo misterioso al cual en su calidad de poeta letrado no podía renunciar sin traicionarse, todo lo que él tocaba se saturaba de esencias profundas, de sones que penetraban en la masa hasta la médula. He pronunciado la palabra estetismo, pero no nos engañemos: García Lorca era antiesteta; en ese sentido llenaba su poesía y su teatro de dramas humanos y de tempestades del corazón; pero no renunció por ello a los primitivos secretos del misterio poético. El pueblo, con una intuición maravillosa, se hace dueño de su poesía, que se canta y se cantaba anónima en las aldeas de Andalucía; pero él no se vanagloriaba de ello para sacarle beneficio; antes, al contrario, buscaba asiduamente dentro y fuera de sí mismo.Prólogo de Pablo Neruda
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